AGRIMONY: Una alegría sospechosa ©

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agrimony ansiedad

Patrones de desequilibrio
La persona de tipología Agrimony se convenció a sí misma desde muy pequeña que para ser aceptada y querida debía estar siempre feliz y de buen humor. Esconder sus tristezas y preocupaciones tras una fachada de despreocupación y alegría en muchos casos empezó siendo una necesidad de adaptación a las exigencias ambientales que con el tiempo se hizo hábito, arraigándose en su personalidad.

A los ojos de los demás la persona Agrimony luce desenfadada, popular, entusiasta, en paz con todo el mundo. Sin embargo, en su interior, existen miedos, preocupaciones y/o tristezas, que muchas veces ni ella misma logra identificar. Estos sentimientos subyacen tras un síntoma emocional reconocible por Agrímony, la ansiedad. Y es que la ansiedad es exactamente eso: el síntoma consciente del conflicto inconsciente. Mismo que Agrimony alivia debilitando las resistencias y el miedo a tocar esos asuntos inconclusos alejados de la consciencia; de ahí que se haya ganado, más que ninguna otra flor, la reputación de ser “el ansiolítico” de las flores de Bach.

En definitiva, el remedio nos ayuda a comprender que la verdadera paz surge de coger al toro del sufrimiento interior por los cuernos y de transmutarlo en vez de enmascararlo.

La flor trabaja sobre la temática del payaso: aquel que ríe por fuera y llora por dentro.

Para los conocedores del Eneagrama esta es una de las flores más representativas del eneatipo 7.

Un mundo Agrimony
“No hace mucho inundaba el mercado una amplia parafernalia de pegatinas, chapas, camisetas, canción, etc., con el siguiente mensaje: Don´t worry, be happy. Yo lo hubiera sustituido por el siguiente: Se Agrimony, no afrontes“. (Ricardo Orozco)

Es curioso observar como el estado Agrimony no se presenta solamente a nivel individual. Hay familias, grupos y culturas enteras, muy “agrimónicas”.  Nuestras sociedades occidentales tienen esta característica. En el aire está la invitación a evadir el dolor y a optar por la compensación de una alegría fácil y sospechosa, que se alcanza a través de toda clase de distractivos y ruido ambiental: televisión en casa, música en el coche, Internet satelital, comida entre horas, drogas legales o ilegales, sexo sin amor, psicofármacos, consumo, consumo…
Vasta con observar, por ejemplo, la evolución que ha tenido el cine en las últimas décadas. Pocas son las películas taquilleras con contenido, que confrontan o hacen pensar. Predomina el cine que busca el entretenimiento fácil, vertiginoso, lleno de efectos especiales y situaciones límite protagonizadas por superpersonajes estereotipados desenvolviéndose en las mismas tramas de siempre. Más elocuentes son los anuncios de televisión, interpretados casi siempre por gente joven y alegre consumiendo algún super producto, que por alguna razón inexplicable tiene el atributo casi mágico de alcanzarnos la felicidad.
Nuestra sociedad nos hace una invitación a la evasión que es muy difícil rechazar. Es casi una obligación ser feliz, pero además se tiene que notar: hay que sonreír al momento de la foto, contestar “bien” siempre que nos pregunten cómo estamos, etc.

Un caso clínico
Lucía viene a consulta porque tiene un extraño dolor en el pecho y los médicos no han podido ayudarla, entre otras cosas porque no encuentran una causa médica que lo provoque.
Según me cuenta, emocionalmente está perfectamente bien, no le pasa absolutamente nada, aparentemente su vida va de maravilla. 
Le indico una sola flor: Agrimony.
A los 10 días aparece sin avisar en mi consultorio:

P: ¿Se puede saber que demonios estoy tomando?
T: Por favor, siéntate y explícame
P: No veo la vida como antes…
T: ¿Qué le pasa a tu vida?
P: Casi nada, mi marido hace 15 años que me engaña, no he podido tener hijos por un problema de infertilidad, los años han pasado y tampoco me he desarrollado profesionalmente… No he hecho nada con mi vida, siento que he perdido el tiempo. Esto me genera muchos sentimientos… (llora)
T: Háblame de esos sentimientos
P: Me siento deprimida,  vacía… Además me doy cuenta que estoy muy enojada con mucha gente, pero sobretodo conmigo misma

Al final de la consulta le añado a la fórmula las flores correspondientes a su nuevo estado emocional. Antes de despedirme le pregunto por el síntoma que la había traído hasta aquí:

T: ¿Qué ha sido del dolor que tenías?
P: ¿Qué dolor?
T: El del pecho
P: Ah… se me quitó

Autor: Miguel Ángel Barquín
Publicado en revista CREESER

Te invitamos a leer nuestro artículo anterior WILLOW: Del resentimiento a la reconciliación

Gracias por tu atención

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Miguel Ángel Barquín, y la página donde fue inicialmente publicado,www.preesencia.mx

Categories: Articulos

4 Comments

  1. Bermary García
    Bermary García On agosto 10, 2014 at 12:48 pm Responder

    Sólo puedo decir estupendo ! Gracias

  2. Guadalupe Marquez
    Guadalupe Marquez On diciembre 29, 2015 at 11:54 pm Responder

    Gracias, gracias!!! Por su generosidad al compartir su conocimiento!

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