El para qué de la enfermedad ©

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enfermedad terapia floral

Detrás de la enfermedad hay muchos posibles porqués: predisposición genética, desnutrición, intoxicación, patógenos, contaminación electromagnética, pensamientos negativos recurrentes, emociones conscientes, emociones inconscientes, etc.

Con frecuencia las diferentes corrientes médico-terapéuticas procuran la salud abriendo un solo frente de batalla desde su trinchera mecanicista, bioquímica, energética-vibracional, psíquica, nutricional o magnética, prestando poca o ninguna atención a otros condicionantes. Olvidando que la enfermedad es multifactorial y que su tratamiento debería serlo también.

Pero la frecuente carencia de un enfoque holístico en el tratamiento de la enfermedad no se limita al descuido de sus múltiples causas. Además de tantos porqués desatendidos suele pasar desapercibido algo tan o más importante, algo que diferencia enormemente a la enfermedad humana de la enfermedad animal, los para qués.

Las leyes de la naturaleza funcionan como deben funcionar. La realidad universal, natural y sobrenatural, no está defectuosa. Por lo tanto, si este mundo está bien hecho y cabe la existencia de la enfermedad, habría que pensar que ésta tiene una razón de ser, una utilidad.

Algunos estudiosos del tema, como Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, autores de La enfermedad como camino, consideran todo síntoma físico como un aspecto de nuestra sombra no reconocido, que se manifiesta en el cuerpo en un intento por aflorar a la consciencia (Entendiendo por sombra aquella parte inconsciente de nuestra psique que contiene todo aquello que somos pero que no vemos que somos por resultar amenazante a nuestro sentido de valor. Es, en gran medida, la viga en el propio ojo).

Dentro de este enfoque un determinado síntoma físico no se presenta por casualidad, es decir, no existe en él nada casual o accidental. Cada enfermedad señala con sus particularidades el camino hacia la consciencia. O dicho con otras palabras, cada enfermedad contiene un lenguaje simbólico que puede servir como guía para acceder a esa parte oscura e inconsciente de nuestra personalidad.

La enfermedad no es un mal a suprimir sino un beneficio a comprender decía Edward Bach. Él, al igual que no pocos filósofos, terapeutas, médicos, psicólogos y directores espirituales, sabía que había una buena razón para el afloramiento de cualquier síntoma físico o padecimiento en el ser humano; es decir, conocía la existencia de los para qués  trascendentes de la enfermedad.

Bach considera que toda enfermedad tiene un antecedente antiguo, concretamente un momento en nuestra vida donde empezamos a desatender los dictados de nuestra alma. Al hacerlo, según su planteamiento, nuestro ser superior (otra forma que tenía Bach de llamar al alma) en un primer momento llama nuestra atención con síntomas emocionales:  Si nos sentimos tristes, irritados, miedosos, culpables, etc., serán señales inequívocas de que de alguna manera y en algún aspecto de nuestra vida abandonamos este sendero trazado por el alma, optando por otros caminos. Si nos acostumbramos a vivir con estas emociones molestas o decidimos distraerlas con alguna ocupación, adicción o psicofármaco, con el tiempo, y este es el gran para qué de la enfermedad desde la perspectiva de la terapia floral, nuestro ser superior no tendrá otra alternativa, en su intento por hacernos recapacitar, que echar mano de su última carta, la enfermedad física. La cual representa nuestro último recurso para rectificar el camino, nuestra última oportunidad para volver a alinear nuestra personalidad con las directrices del alma.

Planteamientos similares podemos encontrar en algunas religiones. El cristianismo por ejemplo, al igual que Bach, ve en la enfermedad una oportunidad de hacer un alto en el camino, revisar prioridades y rectificar (cediendo, eso sí, el protagonismo del alma a un Dios providente), además de otros beneficios todavía más trascendentes como la expiación o la humildad.

Atender al para qué de la enfermedad, aprovechar la enseñanza para la cual existe en nuestra vida, hacer el movimiento exterior o interior que nos exige su presencia, supone, además de crecer personal y espiritualmente, la posibilidad de liberarnos de ella, ya que, al dejar de ser necesaria, estaría en condiciones idóneas para ser curada, o como diría Bach, desaparecería como nieve al sol.

Gracias por tu atención.

Miguel Ángel

Todos los artículos de este sitio pueden ser reproducidos, siempre y cuando se cite al autor, Miguel Ángel Barquín, y la página donde fue inicialmente publicado,www.preesencia.mx

Para una mejor comprensión del origen de los síntomas emocionales y su relación con la enfermedad recomendamos la lectura del libro AUTOVALORACIÓN INCONDICIONAL

Recomendamos también la lectura del artículo El impacto de la terapia floral en la enfermedad física

Categories: Articulos

6 Comments

  1. noris pinto
    noris pinto On marzo 11, 2015 at 2:50 pm Responder

    excelente pagina

  2. LUCIA MARIA FONTS BELCUORE
    LUCIA MARIA FONTS BELCUORE On marzo 11, 2015 at 10:28 pm Responder

    ME PARECE EXELENTE ÈSTE PENSAMIENTO….Y ME ALEGRO PODER ENCONTRAR LECTURAS COMO ÈSTAS QUE TANTO COINCIDEN DESDE SIEMPRE CON MIS PENSAMIENTOS.MIL FELICIDADES A UDS.Y CARIÑOS..LUCÌA.

  3. María de Lourdes Pérez Oseguera
    María de Lourdes Pérez Oseguera On diciembre 21, 2019 at 8:56 pm Responder

    Muy buen artículo, muy interesante sobre todo la propuesta de preguntarnos el para qué de la enfermedad. Ojalá se difundiera más estos pensamientos acerca de la enfermedad y sobre todo el sentido que tiene. Gracias!

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